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Águeda: Ejemplo de Pureza para la Juventud

Santa Agueda

Tal como lo hizo Santa Inés, Santa Cecilia y Santa Lucía, ella quiso conservar su pureza por amor a Dios

Águeda nació en una población de Italia durante el Siglo III, año 235, en el seno de una familia noble y de fe cristiana; desde muy niña sintió predilección por la oración, consagrando su pureza y virginidad a Dios al cumplir los 15 años. Por su particular belleza estaba rodeada de numerosos pretendientes que deseaban desposarla, pero ella ya estaba desposada con el amor de los amores, Jesús.

En aquella época el tirano Emperador Decio inicia una persecución sangrienta contra los cristianos, y uno de sus subordinados, el Gobernador Quintianus, cautivado por la belleza de Águeda se propone enamorarla bajo amenaza de muerte; recibiendo una firme negativa de la joven doncella, declarándose consagrada en cuerpo y alma a Cristo.

Santa Águeda, Virgen y Mártir

Probada como Oro en el Crisol

Buscando vengar el desprecio recibido, el Gobernador la envía a la fuerza durante un mes a una casa de mujeres de la mala vida para hacer que Águeda pierda la fe y le sea profanada su pureza; durante esos días nada ni nadie logro que violara su promesa de permanecer virgen y pura para Dios. Su consuelo en ese trance eran las palabras del Salmo 16 que repetía constantemente: “Señor Dios: defiéndeme como a la niña de tus ojos. A la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me atacan, de los enemigos mortales que me asaltan”.

Al darse cuenta que sus intenciones de doblegar la voluntad de la joven no llegaron a feliz término, Quintianus ordena que la azoten cruelmente y le arranquen los senos con unas pinzas enormes a sangre fría; esa noche de dolor y sufrimiento se le aparece el Apóstol San Pedro, le cura las heridas y la anima a sufrir y entregar su vida por Cristo.

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Santa Águeda y San Pedro

Entrego su Vida por Amor a Dios

Sorprendido por su inexplicable sanación, el tirano Gobernador la interroga sobre el hecho, a lo que le responde: «He sido curada por el poder de Jesucristo»; enfurecido por la respuesta la abofetea y le prohíbe nombrar a Cristo, pero la joven responde: «Yo no puedo dejar de hablar de Aquél a quien amo más fuertemente en mi corazón».

El cruel perseguidor viendo que las torturas no la han hecho renegar de su fe, mandó a que Águeda fuera arrojada sobre brasas ardientes; estando en medio de las llamas solo recitaba: “Recibe ahora en tus brazos mi alma”, y con un grito de alegría entrego su vida, el 5 de febrero del año 261, a la edad de 25 años.

Santa Águeda es patrona de las mujeres con padecimiento de cáncer de mama, las nodrizas, también se le invoca por problemas de lactancia y en los partos difíciles; gracias a sus acciones en favor de la fe recibió la palma del martirio como un símbolo de haber derramado su sangre por Cristo y su doctrina.

Pidamos a Santa Águeda, Virgen y Mártir, el don de lograr dominar el fuego de nuestra propia codicia, y su ayuda para frenar aquellos deseos infundados por la “moda” de la sensualidad.