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Las fiestas decembrinas en Táchira generan una serie de tradiciones

En cada casa hay un productor de las delicias que las fiestas de fin de año promueven, pese al condicionamientos para la adquisición de la materia prima.

Las fiestas decembrinas en Táchira generan una serie de tradiciones que van desde lo culinario hasta la presentación de efigies que se consumen con los fuegos artificiales al cierre del año, como una acción necesaria para dejar por sentado que se aproxima un ciclo lleno de nuevas oportunidades.

La preparación del ponche, el pan de jamón, las hallacas y la gran variedad de tortas y dulces es una tradición que no se pierde, pese a la precaria situación económica, es por ello, que los tachirenses fieles a sus costumbres no solo ostentan sus productos para su consumo, sino que forman parte del comercio que se fomentan en estas fechas, una ayuda más para la economía doméstica.

En cada casa hay un productor de las delicias que las fiestas de fin de año promueven, pese al condicionamientos para la adquisición de la materia prima, todo hacen un esfuerzo para que no falte nada en cena de navidad y la del año nuevo.

Lourdes Emilia Castro Quintero prepara año tras año el ponche crema que toda su familia, habitantes del barrio Alianza, en la parroquia la Concordia de San Cristóbal, degusta en la celebración de la navidad, además tienen como costumbre un brindis con todos sus vecinos. La idea de proveer del ansiado ponche a todos se volvió un negocio que se mueve durante todo el año bajo el respeto a las normativas legales y el condicionamiento de su entorno de trabajo de manera higiénica.

Castro Quintero también prepara sus hallacas, pan de jamón y la torta negra, esgrime que es necesario mantener la costumbre y ante la presencia de una situación económica poco favorable, lo ideal es compartir con quienes no tienen, “Todos los años invitamos a los vecinos que sabemos no tienen para una cena navideña (…) siempre he pensado que hoy por ti y mañana por mi (…) mientras tenga fuerza haré mi cena navideña y donde come un como cien”.

Una tradición de la abuela

Jimena Suárez García tiene doce años haciendo hallacas para vender en el mes de diciembre. No tiene un negocio establecido pues solo en las fiestas decembrinas es cuando se dedica de lleno a una tradición que nació con su abuela, Carmen Hilda García, una señora muy amable, como dice ella, que se vino desde San Juan Bautista de Chinácota, municipio del departamento de Norte de Santander, en Colombia en el año 1973 para casarse con su abuelo, un gocho agricultor que siempre esperó probar la primera hallaca cada 15 de diciembre.

Suárez García es habitante del Barrio Pozo Azul, ubicado en la parroquia Pedro María Morantes, en San Cristóbal, arguye que desde que llegaron sus abuelos se sumaron a la tradición de preparar hallacas cada diciembre, eso sí, con el guiso crudo, repite, como si se tratará de un mantra para no cambiar una receta milenaria en su familia. “Yo siempre le digo a las personas que yo preparó las hallacas como los gochos, con el guiso crudo y el secreto de la familia”.

Argumenta que todos los 15 de diciembre comienza la producción en su casa, junto a su esposo y sus tres hijos, comienzan a producir, pese a que algunos allegados les han comentado que deberían volverlo negocio, ella se niega, pues cree que es una tradición familiar que no se debe comercializar. “Se pierde el sabor, se pierde el trabajo de unión familiar para volverse negocio (…) hacemos esto cada año para que mi abuela, que ahora es supervisora, se sienta feliz ya que mi abuelo se murió hace diez años, esto es lo único que la hace recordarlo y hasta un ponche se toma”.

Jimena Suárez García tiene la promesa de entregar a casas de abrigo o centros de reclusión policial 50 hallacas cada diciembre, estima que no son muchas, pero que es una obra de caridad que le prometió a la Virgen de La Consolación de Táriba (municipio Cárdenas) para que nunca falta en su casa salud, amor y una cena de navidad junto a toda la familia. “Todos los años entregamos las hallacas y nos vamos a visitar a la virgen (…) la abuela no solo empezó con las hallacas como tradición sino su devoción a la virgen que desde siempre nos ha acompañado y cuidado”.

Jimena Suárez García tiene doce años haciendo hallacas para vender en el mes de diciembre.

La quema del año viejo

Felipe Rúgeles vive entre Peribeca (municipio independencia) y San Cristóbal año tras año, desde hace más de cuatro lustros, construye un muñeco con la imagen que desea quemar, como parte de la tradición que explica que cada 1 de enero, en el primer minuto de nuevo año se prendé fuego al muñeco y mientras los familiares y vecinos se abrazan los fuegos pirotécnicos arrasan con los sinsabores de los 365 días que pasaron.

Rúgeles, quien el año pasado, quemo la imagen del Coronavirus, en esta oportunidad vuelve a las representaciones políticas regionales, por ahora no dirá quién o quiénes son los que arderán este 2021.

“Igual voy a construir un año viejo del Coronavirus poque ese virus hay que quemarlo todos los años hasta que esto se acabe”.

La tradición de Felipe Rúgeles es heredada, recuerda que su abuelo, un habitante de Táriba (municipio Cárdenas) zapatero de profesión, comenzó a construir las imágenes como parte de un juego que todos los diciembres hacían. “El abuelo me decía que además del Año Viejo jugaban la bola candela, que no es más que una pelota de trapo la cual se le baña de kerosene y se comienza a patear a todos lados (…) el toro candela también se hacía por que al finalizar la fiesta de diciembre ya se comenzaba la feria de San Sebastián (…) no salíamos de una fiesta y entrabamos en otra”.

En este año, espera celebrar por todo lo alto la quema del año viejo, pues durante el mes de julio se contagio de covid-19 y permaneció durante dos meses en el Hospital Central de San Cristóbal, le prometió ala Virgen de la Consolación de Táriba, que celebraría con todas sus fuerzas este diciembre y que haría un muñeco para quemar la enfermedad y a quienes no quieren que el país salga adelante. “esta tradición no la voy a dejar, porque es parte de mi herencia (…) ya a miss hijos los estoy enseñando y por lo menos, aquí en la comunidad donde vivo (sector La Ermita de San Cristóbal) no va a faltar una quema del año”.

Con información de Ultimas Noticias

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