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Santo del Día | María de San José: «La niña del Cristo»

El 7 de mayo está reservado por la Iglesia católica para la memoria de la Primera Beata venezolana; conocida también como «la niña del Cristo», siempre estuvo al lado del pobre y enfermo, del abandonado y olvidado

Imagen Oficial de la Beata María de San José

María de San José, fue la primogénita de cuatro hermanos, nació en el pintoresco pueblo de Choroní, estado Aragua, el 25 de abril de 1875, bajo el nombre de Laura Evangelista Alvarado Cardozo. Sus padres, Clemente y Margarita, con el fin de dar una buena educación a sus hijos, se trasladaron a Maracay, donde Laura realizó sus estudios. Se destacó siempre por su inteligencia precoz y una bondad de carácter poco común, que la colocaban corno modelo para sus compañeras.

El 8 de diciembre de 1888, efectúa felizmente su tan ansiada primera comunión; y ya instruida por el Párroco Antonio Ferrer, «con alegría indecible» pronuncia un voto privado de virginidad al único amado de su corazón: Jesús Sacramentado. Se desprende de sus pequeñas vanidades: sus amados crespos, sus joyas; desde ese memorable día comenzará a observar los tres votos de obediencia, pobreza y castidad, y promete vivir con la mirada discretamente baja, una característica particularmente suya. En lugar de sus prendas, llevará en adelante un crucifijo sobre el pecho, circunstancia que le merecerá de parte del pueblo el nombre de «La niña del Cristo».

El deseo más profundo de Laura era consagrarse a Dios en un convento de clausura, pero las circunstancias del país se lo impedían; por tal razón, solicitó el permiso de su confesor, y el 8 de diciembre de 1892, a la edad de 17 años, hizo su voto de perpetua virginidad. Este día lo celebraría a lo largo de toda su vida, al igual que el 13 de octubre, día en que fue bautizada, con una jornada de retiro espiritual.

Fotos reales de la Beata María de San José

Ya desde entonces no tenía otro ideal que el de la santidad: «Quiero ser santa, pero santa de verdad». «Jesús mío, el ideal que persigo eres tú y sólo tú». Es por ello, que la llegada a Maracay en 1892, del párroco Vicente López Aveledo fue providencial. El sacerdote invitó a la joven Laura a colaborar en el pequeño hospital que acababa de abrir para atender a las víctimas de la epidemia.

Laura se trasladó a vivir al hospital y se entregó de lleno al servicio de los enfermos; su labor fue tan eficaz que se le confió su dirección. En él era la animadora del grupo de jóvenes voluntarias conocidas corno las «Samaritanas».

Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús

En este sentido, Laura no se contentaba con el bien que hacía en el hospital, deseaba algo más. Con licencia del Vicario General de Caracas, Monseñor Juan Bautista Castro, el 11 de febrero de 1901, el pequeño grupo de “Samaritanas” visten el hábito agustino y adoptan el título de «Hermanas de los Pobres de San Agustín», nombre que más tarde cambiarán por el de «Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús».

Ceremonia de Beatificación en Roma, año 1995

El mismo Mons. Castro nombra a Laura como Superiora del nuevo Instituto, cargo que conservó hasta el año 1960; el 22 de enero de 1902, Laura ratifica su voto de virginidad, y el 13 de septiembre del año siguiente pronuncia los votos perpetuos de pobreza, obediencia y castidad. En la profesión cambió su nombre por el de María de San José.

Para el año de 1905, fundó en Maracay la primera casa para huérfanas; a ella le siguieron otras fundaciones a un ritmo acelerado. La Madre María, como otra Santa Teresa de Jesús, se convierte en una andariega de Dios, acudiendo solícita allá donde surgía una necesidad; Caracas, Barquisimeto, La Victoria, Valencia, Coro, Maracaibo, Puerto Cabello y otras muchas ciudades y pueblos son testigos de la abnegación de esta monja, aparentemente débil y enfermiza, pero llena de intrepidez y de una caridad que no conoce límites.

En pocos años y sin medios económicos, logra levantar más de 30 fundaciones, casas sencillas y pobres; en ellas encuentran delicada acogida los más desvalidos de la sociedad: «Los desechados de todos, son los nuestros; los que nadie quiere recibir, ésos son los nuestros», decía a sus religiosas.

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Marta y María en una sola

La Madre María supo unir en sí las figuras evangélicas de Marta y María, el trabajo y la oración, ambas facetas convivieron en ella perfectamente integrados; de día estaba siempre al lado de los pobres, y de las niñas huérfanas, pero de noche pasaba largas horas ante el Sagrario en intimo coloquio con Jesús.

De estas horas de contemplación sacaba la fuerza que luego prodigaba en favor de los más débiles. Por su amor a la Eucaristía, se comprometió a confeccionar con sus propias manos las hostias que se consumían en Maracay y en las parroquias vecinas; al final de sus días confeccionaba miles y miles de hostias y las distribuía gratuitamente a los sacerdotes.

Beata María de San José

Últimos años

En 1960, fue sustituida en su cargo de Superiora General y se retiró a su querida «Casa Hogar» de Maracay para pasar los últimos años de su vida dedicada a la oración, a sus huerfanitas y a los trabajos más humildes.

Tras una larga enfermedad, se consumió con gran paz y serenidad el día 2 de abril de 1967. Venezuela, y sobre todo la ciudad Maracay, habían perdido a una de sus hijas más ilustres. Millares de devotos acudieron a honrarla de todas partes del país. Durante el cortejo fúnebre una escuadrilla de aviones lanzó pétalos de rosas sobre la multitud; fue sepultada al pie del altar de la capilla del asilo, convirtiéndose su sepulcro en meta incesante de peregrinos, sobre todo después de haberse difundido el gran número de gracias concedidas por su intercesión. Fue Beatificada por San Juan Pablo II, el 7 de mayo de 1995, siendo la primera venezolana en ser elevada a los altares; su memoria litúrgica se celebra el día 7 de mayo.

Cuerpo incorrupto de la Beata María de San José

La Madre María de San José, que dedicó su larga existencia al cuidado de los ancianos y de los niños desamparados en los que veía la figura de Cristo, nos ha dejado un mensaje de perenne actualidad: dar acogida a los más pobres, a los más débiles, a los marginados, con el mismo amor con que ella los acogía.

Agelvis Villalonga L.