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Santo del Día | María Auxiliadora: «La Virgen de Don Bosco»

La devoción a María Auxiliadora está vinculada a Don Bosco y a toda la Familia Salesiana, pues fue él quien promovió esta advocación mariana; con tan solo 9 años tuvo un sueño en el que la Virgen le indicó que sería sacerdote. Años más tarde, en 1860, la Virgen vuelve a hablarle en otro sueño y le dice que quiere ser honrada con el título de «Auxiliadora», y le señala el sitio en Turín para que le construyan un templo dedicado a Ella, lo que hoy es la actual Basílica de María Auxiliadora

Sueño de San Juan Bosco

Los cristianos de la antigüedad, en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de «Auxiliadora», que en giego se dice «Boetéia», que significa «La que trae auxilios venidos del cielo».

San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla y nacido en el 345, la llamó «Auxilio Potentísimo de los seguidores de Cristo»; por tanto, los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora (Teotocos y Boetéia).

María Auxiliadora

Por tal razón, en el año 476 el gran orador Proclo decía: «La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto»; San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen «Auxiliadora de los que sufren». El gran poeta griego Romano Melone, en el año 518, llama a María «Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los débiles» e insiste en rezar para que sea también «Auxiliadora de los que gobiernan».

De igual manera, San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén dijo en el año 560: «María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo»; San Juan Damasceno, famoso predicador, en el año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: «María Auxiliadora ruega por nosotros», y repite: «La Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte». También, San Germán, Arzobispo de Constantinopla, en el año 733, dijo en un sermón: «Oh María Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda».

Retablo de la Virgen en la Basílica de Turín

La Batalla de Lepanto

En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa; en ese tiempo no había la tolerancia de unas religiones para con las otras, y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma.

Fue entonces cuando el Sumo Pontífice Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran en defensa de los perseguidos por la religión; al poco tiempo, logró formar un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto; los mahometanos tenían 282 barcos y 88.000 soldados, mientras que los cristianos eran inferiores en número.

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Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios; terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la Batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela. Pero luego, de manera admirable, el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas.

Los soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios; hay que acotar, que mientras la Batalla se desarrollaba, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria, el Pontífice mandó que se celebrará cada año el 07 de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre la siguiente jaculatoria: MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS.

Imagen de María Auxiliadora en Cádiz

El Papa y Napoleón

El Emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Papa Pío VII; por varios años estuvo en prisión y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el Emperador era el más poderoso gobernante de la época.

El Sumo Pontífice realizó una promesa a la Virgen: «Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica»; y muy pronto vino lo inesperado, Napoleón que había dicho: «Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados», vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres.

Vitral de María Auxiliadora

Al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota; fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar cárcel el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia, y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma; en memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de «María Auxiliadora» en acción de gracias a la madre de Dios.

San Juan Bosco y María Auxiliadora

El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín (Italia), la Basílica de María Auxiliadora; la historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios, su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres.

A los tres años quedó huérfano de padre, y para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna; la Santísima Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera «ciencia y paciencia», porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Luego se le apareció de nuevo y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de «Auxiliadora».

Basílica de María Auxiliadora en Turín

Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos; pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: «Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen».

Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de «María Auxiliadora», y ya son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que la devoción ha llegado a ser una de las más populares en el mundo.

Papa Francisco en la Basílica de María Auxiliadora, año 2015

San Juan Bosco decía: «Propaguen la devoción a María Auxiliadora y verán lo que son milagros», y recomendaba siempre repetir muchas veces esta pequeña oración: «María Auxiliadora, ruega por nosotros».

Agelvis Villalonga L.