Mujer vino a pedirle ayuda a Teresa Linárez y terminó muerta

Yris Cheleida Camacaro Álvarez, de 31 años, murió al ser arrollada cuando pasaba la avenida Florencio Jiménez a la altura del barrio Prados de Occidente. Yris es oriunda de Turén, estado Portuguesa y llegó ayer a Barquisimeto luego de que saliera a las 5 de la mañana de su casa. Una discusión con su marido la hizo tomar un morral, sus documentos de identidad, los de su bebé de dos años y venirse.

En la mañana llegó a la Alcaldía de Iribarren y escribió una carta dirigida a la gobernadora Carmen Meléndez y a la alcaldesa Teresa Linárez pidiéndole una ayuda para poder mantener a su pequeño.

Estando en la sede municipal, conoció a Pablo Colmenares con quien entabló una amistad y le contó lo necesitada que estaba.

“Ella vino por ayuda. Quería que la gobernadora Meléndez la ayudara al igual que Teresa Linárez; en verdad estaba necesitada”, decía con rostro de dolor Pablo.

Se hizo la noche, pero Yris no consiguió ayuda y por eso el señor le dijo que fueran hasta su casa en el barrio Los Ángeles, al oeste de la ciudad, para que pasara la noche junto al bebé. Ambos tomaron un Transbarca y se quedaron en la parada de Prados de Occidente.

Detalla Pablo que a las 6 de la tarde se bajaron de la unidad, él tomó al niño porque Yris llevaba la maleta y estaba muy cansada. Ahí fue cuando pasaron la calle que estaba muy oscura. Yris se paró en el medio de la isla que divide a la vía y apenas puso un pie en el pavimento “pum”, un carro fantasma la arrolló y murió ante la mirada de Pablo, quien cargaba al bebé en sus brazos en el acto.

“Dios sí que es grande, porque yo llevaba el niño. Se salvó de morir”, decía Pablo confundido por la tragedia.

Los vecinos de la comunidad sentaron a Pablo en una silla. El hombre no soltó al bebé ni un segundo. Él estaba muy triste.

Una señora buscó una vaso de leche para darle al niño. Pablo comentó a La Prensa que no conocía mucho a Yris, pero desde ayer que la vio en la alcaldía sintió que Dios se la puso en el camino para ayudarla, por eso le ofreció un techo.

El bebé de Yris se aferraba a Pablo, metía su cabecita en el pecho del señor y se quejaba. Sólo decía “mami, mami”, mientras que Pablo lo calmaba y lo abrazaba.

“Yo me lo quiero quedar. La familia de Yris no sabe nada de esto, pero yo prometo cuidarlo, yo he criado a muchos niños”, repetía Pablo, pero la policía le dijo que no podía hacerlo y debía esperar que llegara la Fiscalía.

El cuerpo de Yris quedó en el pavimento mientras que la policía de Tránsito llegaba a retirar el cuerpo, nadie de su familia sabe lo que pasó, y se espera que las autoridades den con algunos de ellos, para que su bebé esté con su papá.

Nota y Foto de: La Prensa

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