La familia Messi vive el más extraño de los contrastes. Por un lado todo es orgullo. El hijo futbolista que bañó al apellido con gloria acaba de anotar su gol número 600 y se prepara para jugar una nueva copa del Mundo, la tercera de su carrera. Del otro lado, los problemas. Matías Horacio, el segundo de los cuatro hermanos, vive horas de preocupación y moviliza a la Justicia de Rosario, la ciudad que su hermano ha hecho famosa en el mundo, para decidir su futuro, tras un nuevo suceso policial que se suma a un largo historial que incluye armas, amistades peligrosas y presuntos favores judiciales. Los antecedentes le obligan a realizar un tratamiento psicológico y hasta podría quedarse sin la posibilidad de alentar al capitán de la selección argentina en Rusia 2018, si se le retira el pasaporte.

Todo comenzó a sus 18 años, cuando su hermano Lionel y su padre estaban a punto de desembarcar en la Ciudad Condal para iniciar una brillante carrera con el FC Barcelona. Matías quedó involucrado en una causa por robo e inició un reguero de problemas judiciales que todavía le trae dolores de cabeza ya que existen dos procesos judiciales abiertos en su contra. En 2001 y 2002, el segundo hijo de Jorge Horacio Messi y de Celia María Cuccilini fue denunciado por amenazas, aunque estos episodios no alcanzaron notoriedad ya que Lionel todavía jugaba en los infantiles del equipo blaugrana y el apellido Messi era uno más de la vasta región sur de Rosario, la zona más popular y conflictiva de la ciudad.

El barrio unió a Matías con algunas de las personalidades más oscuras. Incluso, tuvo una relación de amistad con Ramón Ezequiel Cantero, más conocido como Monchi, un hijo adoptivo de la banda narco Los Monos, sobre el que pesaba una alerta roja de Interpol por “homicidio y asociación ilícita”. La casa de Matías Messi fue tiroteada en 2011 y se sospechó que este hecho podía estar relacionado precisamente con esta banda, pero no se encontraron pruebas de que participara de alguna manera en los negocios de Los Monos.

2008 fue otro año de líos. Coincidió con la temporada en la que Lionel se ganó el título de capitán y el dorsal 10 del FC Barcelona, privilegios que todavía mantiene, y con el momento en el que el equipo conquistó el triplete: Liga, Copa del Rey y Champions. Además, se colgó la medalla dorada con la selección argentina en los Juegos Olímpicos de Pekín, hasta ahora, su único título con la albiceleste. En Rosario, el apellido no sólo se escribía en las páginas de deportes, sino también en la de sucesos. En octubre, Matías Messi fue detenido y retenido durante nueve horas en una dependencia policial por llevar un arma de fuego sin permiso legal. La denuncia la realizó un vecino que lo vio caminando por el barrio. Cuando lo aprendieron, le descubrieron un calibre 32 marca Italo Gra, con cinco proyectiles y sin numeración.

De izquierda a derecha, Matías, Rodrigo y Lionel Messi en un partido de baloncesto en Barcelona en 2010.
De izquierda a derecha, Matías, Rodrigo y Lionel Messi en un partido de baloncesto en Barcelona en 2010.

Su nombre fue portada nuevamente en octubre de 2015, cuando se negó a entregar los papeles del Audi A5 con el que se paseaba por Rosario, en un control de la policía. Sebastián Carranza, director de la oficina de prensa de la fiscalía regional de Rosario, indicó a EL PAÍS que, en aquella ocasión, “un testigo afirmó que tenía un arma, pero no se la encontraron a él, sino en la casa de un vecino». La situación se resolvió con una condena menor que llevó a Matías Messi a pasar ocho meses dando clases de fútbol a los niños de una escuela de barrio. Sus cuentas parecían estar saldadas pero, a la semana, apareció con diversos cortes y el rostro ensangrentado, en el interior de una lancha a la deriva que apareció en un club de pescadores, a 10 kilómetros de Rosario. Al vigilante privado que le vio en ese momento le dijo que había chocado contra un banco de arena mientras navegaba por el río Paraná y que eso le había causado los cortes en el rostro. Pero la embarcación estaba teñida de rojo y en su interior hallaron nuevamente un arma, otra vez, un calibre 32.

El hermano de Lionel quedó ingresado y detenido en una unidad de cuidados intensivos, donde fue operado del maxilar superior y la mandíbula y le reconstruyeron el labio. Días más tarde, las pruebas realizadas de la sangre encontrada en la lancha confirmó la versión del accidente dada por Matías. Una fuente a la que tuvo acceso este diario sostiene que Messi recibió un trato preferencial por parte de la justicia: un policía de vigilancia vestido de civil y en una sala contigua a la del detenido.

Después de tres audiencias, la defensa ofreció dos millones de pesos de fianza y la presentación del padre, Jorge Messi, como garante, acudir cada 15 días al tribunal y la entrega del pasaporte. Condiciones que fueron y son cumplidas por la familia, aunque la causa sigue abierta. Así fue como Matías recuperó su libertad. El episodio del pasado fin de semana, cuando se vio involucrado en un accidente de tráfico y, según el denunciante, volvió a exhibir un arma de fuego, ha complicado esa libertad y, por estas horas, los fiscales de Rosario debaten si Messi ha puesto en riesgo la investigación en curso con su comportamiento. Ahora su futuro incluye diversos escenarios: desde ingresar en prisión, cumplir con arresto domiciliario, realizar un tratamiento psicológico como el que le ordenaron esta semana o la entrega definitiva del pasaporte, que le impediría viajar a los mundiales de Rusia 2018.

En Rosario se habla mucho y hay cierta animosidad por parte de los medios locales con los Messi. De hecho, en la última audiencia, Jorge y Matías trataron de pasar desapercibidos. Pero los medios hablaron. Se trata de una familia muy enigmática, hasta el punto de que cuando Lionel Messi viaja a Rosario, se encierra en alguna de las propiedades que posee, ingresa al estadio de Newell’s escondido y con el partido empezado y casi nunca asiste al bar VIP, ubicado frente al Monumento a la Bandera y que administra su hermano Matías. La reserva también fue evidente en su matrimonio con Antonella Rocuzzo, donde el hermetismo fue total, aunque muchos afirman que en los últimos tiempos ha tenido algunos gestos positivos con la ciudad. Sin embargo, para todos los habitantes de la Chicago argentina como se la conoce a Rosario, una cosa es Lionel y otra muy distinta su familia.