“Guaco: semblanza” es la película de un sonido (+Trailer)

Guaco: semblanza llega este viernes a las pantallas del cine venezolano. Es un documental sobre la banda del título, lo que significa que es una película sobre un sonido que ha llamado la atención por su singularidad en el país y en el mundo. 

“Guaco es Guaco” parece ser la única manera de definir lo que toca el grupo, que nació en los sesenta como un conjunto de gaitas zuliano.

El estreno del filme acompaña al lanzamiento de un disco: Bidimensional. Ha sido también una oportunidad para que otras artes confluyan en torno a la música, como es el caso del cine de Alberto Arvelo, con el documental, y la plástica de Carlos Cruz-Diez, quien contribuyó a la creación de la imagen.

Guaco ha sido un punto de encuentro entre la tradición zuliana y la modernidad, lo que le ha permitido trascender lo local y lo nacional.

También se han encontrado en su música lo popular y lo académico. Una de las líneas que sigue el filme es Guaco sinfónico, proyecto en el que participaron la Sinfónica Simón Bolívar y el director de esa orquesta y de la Filarmónica de Los Ángeles, el venezolano Gustavo Dudamel, y que será parte de Bidimensional.

El documental está nominado al Grammy Latino en la categoría de Video Musical Versión Larga. También el disco, en el renglón de Álbum Tropical Contemporáneo.

Iluminador pero no didáctico

Un aporte educativo del documental es una sencilla explicación del “sonido Guaco”. La da Gustavo Aguado, quien comenzó en la banda siendo un niño y actualmente es el líder y único miembro fundador.

Con la ayuda de los percusionistas, Aguado muestra cómo pueden confluir en ese sonido los chimbangles, que también provienen del folclore zuliano; la tambora y la charrasca de la gaita, y los instrumentos usuales en la percusión afrocaribeña: las congas y el timbal, a los que el caso de Guaco se añade la batería.

La más importante de las voces autorizadas que hablan en el documental, César Miguel Rondón –autor de El libro de la salsa–, se encarga de explicar, con prosa literaria, lo que significa “Guaco es Guaco”.

Pero no se trata de una clase impartida por expertos hablando ante la cámara. El documental se desarrolla siguiendo varias líneas narrativas.

La principal es la que resume la historia del grupo. Otra es la que sigue los ensayos de Guaco sinfónico hasta llegar al concierto. Es la más dramática, por lo difícil que resultó el proceso de acoplar al estruendo de la percusión de Guaco al sonido de la orquesta.

También hay una línea más, que subraya la universalidad de la música de la banda venezolana: la que sigue su viaje a Japón, que coincidió con la vez que ganaron su hasta ahora único Grammy Latino, en 2016.

Un cineasta singular

Guaco: semblanza es el documental más logrado hasta ahora de Alberto Arvelo. El cineasta había establecido, con los más de 50.000 espectadores de Tocar y luchar (2006), un récord de asistencia para este tipo de filmes en Venezuela que duró hasta 2012, cuando lo más que triplicó Tiempos de dictadura. Luego Arvelo realizó Dudamel: el sonido de los niños (2010).

Se trata de un director singular en el cine venezolano. Con Habana, Havana (2004) acuñó el concepto de “cine átomo”, con recursos y equipo mínimo, pero nueve años después realizó la que fue considerada como la película latinoamericana de mayor presupuesto en la historia: Libertador (2013). Ha sido, además, el filme venezolano que más lejos ha llegado en el camino hacia el Óscar. Quedó en la lista corta previa a las cinco nominadas en 2014.

Guaco: semblanza podría ser también  la última oportunidad, por un tiempo, de ver  a Dudamel con la Simón Bolívar. Han sido canceladas dos giras con orquestas venezolanas, luego de declaraciones suyas sobre lo que pasa en el país.

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