Día del Trabajador: ¿Cuánto gana un influencer en Venezuela?

Un trabajo ideal en Venezuela: ser influencer o youtuber. Al menos eso reseñó el proveedor líder de servicios financieros digitales para inmigrantes y sus familias, Remitly tras el análisis de datos de búsqueda en 25 países, que fue difundido en febrero.

A la búsqueda de la frase “cómo ser…” en la nación suramericana, de acuerdo a la información aportada por Google, le acompaña el término “influencer”. Y si bien, Venezuela no ha sido la única dónde ha destacado este oficio, que también se hizo frecuente junto a la palabra “youtuber” en otros países de América Latina, sí ha sido un territorio para su auge en los últimos tres años.

La plataforma TikTok es utilizada por la mayoría de ellos como un primer impulso, migrando luego a Instagram o incluso Twitter para promocionarse en el área con la que simpaticen. Algunos como catadores de menú, otros con contenidos de cámaras escondidas y muchos como comediantes.

“Muchos tienen buena llegada, credibilidad, y generalmente funcionan muy bien para comunicarse con un nicho específico, preferiblemente cuando no es una acción aislada, y la marca lo haga dentro de una campaña multiplataforma que incluye varias estrategias y elementos”, comenta la agencia de comunicación The Media Office, especializada en digital PR, con influenciadores o líderes de opinión involucrados en gran parte de sus estrategias.

Y es que muchos viven exclusivamente de esta innovadora actividad, en la que un ‘tiktoker’ adolescente con más de 4.000.000 de seguidores puede cobrar US$750 por un contenido en esta plataforma, mientras que un comediante con unos 400.000 seguidores en Instagram puede requerir US$550 por una ráfaga de historias, US$1000 por un reel y hasta US$720 por un post.

El ‘youtuber’ en este caso, explica TMO, si se trata de un periodista consolidado con más de 500.000 seguidores, puede cobrar hasta US$1.000 por pauta en su programa diseñado y transmitido en esta plataforma.

“Con el influencer puedes lograr que la gente te conozca sobre una marca, pero también vender algo o llevar tráfico a un lugar. Si el influencer logra ese objetivo es beneficioso para la compañía (…) el conflicto o la confusión puede venir cuando todos quieren hablar de todo, o un mismo influencer trabaja para varias marcas que compiten entre sí y se pierde la confianza”, agrega Oriana Lozada, gerente de mercadeo de Kate Spade en relación al aporte que también puede recibir una marca con el uso de estas figuras.

Las empresas además evalúan ese retorno de inversión, y lo pueden hacer a través de las propias agencias de marketing, logrando acordar mejores costos. En ocasiones, también son las propias marcas que establecen el compromiso con el influencer, con el que podrían aplicar incluso combos o paquetes por contratos mensuales o anuales, sobre todo con personalidades más reconocidas.

Además del monto base, que podría ser pequeño, se establece un acuerdo de ganancias por ventas alcanzadas. Es lo que se percibe en los influencers que utilizan códigos para promocionar el uso de algún producto, herramienta o aplicación en sus redes. “Eso ayuda a que la marca mida, pero la mayoría de los influencers prefieren el dinero por delante antes que la comisión cuando apenas inicia la relación”, explica Lozada.

Las cifras de costos en Venezuela y el resto de los países de la región resultan similares, y tiene como base una división: Influencer Advocate, con un tope de 50.000 seguidores y un 6% de engagement; el Influencer Niche, que cuenta entre 50.000 y 100.000 seguidores y un 3% de engagement; el Medium entre 100.000 y 250.000 seguidores que puede representar un 2% de engagement; el Large entre 250.000 y 1.000.000 de seguidores más 1,8% de engagement y el Mega, con hasta 7.000.000 de seguidores y 1,6% de engagement.

“El mercado venezolano, dependiendo del perfil, podría aprovechar el canje. En México varía por la población que es mucho más elevada, pero esto es en Latinoamérica, porque en Nueva York, los influencers pueden cobrar entre US$5.000 y US$10.000, lo que no representa los niveles de Latinoamérica, cuyo rango está entre US$500 y US$1.500″, sostiene.

Las ganancias de un influencer se convierten en el principal atractivo de un oficio como este, aún y cuando la periodicidad de sus publicaciones es reducida, sobre todo en un país como Venezuela, donde el ingreso promedio de un trabajador en el sector privado ronda los US$130, según el último estudio del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF).

La agilidad y creatividad al momento de diseñar un contenido también resulta un factor clave para quienes emprenden en este terreno, siendo los jóvenes los más involucrados, en medio de la falta de ofertas laborales en áreas profesionales o el reconocimiento que amerita la actividad de influencer.

“Los ingresos forman parte pero creo que lo principal es la percepción que se tiene sobre la relevancia que puede tener en la sociedad venezolana. Los medios tradicionales al perder confianza la ganan los influencers de redes sociales, por ende la exposición e impacto que pueden generar es comparable con la de un artista o actor por ejemplo”, apunta Fernando Andrés, especialista en ediciones audiovisuales, quien tras desenvolverse en algunas agencias se dedicó a construir su propio grupo empresarial y es reconocido actualmente por sus reseñas de comidas a través de su cuenta ‘Qlq esta comida’.

En particular, Fernando ejecuta otros proyectos que incluye la facilitación de cursos de edición, inversiones y post-producción, sin embargo asegura que podría vivir únicamente de su trabajo como influencer, evaluando antes los medios de monetización que le permitan desarrollar estrategias de periodicidad.

Las nuevas personalidades en redes sociales o líderes de opinión además deben lidiar con riesgos en cuánto a reputación y credibilidad que pueden ser atribuidos a una publicidad polémica, que si bien puede ocurrir en cualquier país, la polarización política en Venezuela y la necesidad de tomar un bando suele radicalizarlo, y a juicio de los agentes comunicacionales, es un elemento que ya dependerá de la conciencia que tenga el influencer sobre el trabajo a aceptar.

“En Latinoamérica te van a identificar con la marca con la que trabajen, y la compañía también lo va evaluando. En Venezuela suele ser más sensible, y la decisión debe ser sabia por parte del influencer”, destaca Lozada. “No lo he experimentado, pero haciendo una suposición, sería complejo para mi por el nicho al que me dedico, siempre busco trabajar con marcas que vayan alineadas a mi contenido”, puntualiza Fernando Andrés.

Información de: Bloomberg

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