Rosalía, la cantaora del amor oscuro

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Antes de salir a escena, todo es misterio, en la atmósfera se percibe un enigma, hasta que su nombre aparece en las pantallas gigantes y comienza el delirio del público. Las que más alto gritan son las mujeres, los hombres aplauden y la miran deseándola. Los músicos la escuchan con aprobación, la admiran en silencio.

Comienza a sonar su voz con melismas gitanos, y aparece su figura hermosa, potente, llena de danza y vitalidad, es Rosalía: la catalana que se empeña en ser médium de la antiquísima tradición gitana. Una mujer que canta con arte, con el alma, con su cuerpo sensual, con el coro de sus seguidores en éxtasis. Ella nació para cantar, y su canto encierra la noche misteriosa y el día luminoso a la vez.

Rosalía nació en un emporio industrial a las afueras de Barcelona llamado San Esteban de Sasroviras. Su infancia estuvo acompañada por el ruido de gandolas, de grandes camiones con remolques, de motores de todo tipo que en esos polígonos fabriles convergían. Sus padres son artistas plásticos, en su casa, la niña de abundantes cabellos y piel de suave bronceado, vivió entre caballetes, colores y pinceles, paletas y pinturas. Nació el 25 de septiembre de 1993 con el nombre de Rosalía Vila Tobella. Cuando apenas tenía 7 años de edad, cuenta su padre que a menudo la escuchaba cantar, le pidió que entonara una copla en una reunión familiar. La niña cerró sus ojitos y comenzó a interpretarla a capela. Al finalizar, cuando abrió sus ojos, vio que todos en la familia estaban llorando, la habían escuchado absortos y los había conmovido con su voz. Allí se produjo el primer atisbo de lo que sería una deslumbrante carrera como cantante, de su clara vocación de cantaora.

Sus padres entendieron el potencial artístico innato de la niña, y de inmediato la pusieron a estudiar música. Primero piano y solfeo, luego violoncelo. Finalmente obtuvo el grado en la Escuela Superior de Música de Cataluña. Su trabajo de grado lo realizó sobre el “cante jondo”, el flamenco ancestral. De allí su afinación tan natural, su oído absoluto, la capacidad que tiene para llenar con su voz los espacios, acompañada solo por una guitarra. Es que Rosalía se basta para cubrir todo un escenario y arrancar fervorosos aplausos. Su guitarrista y productor en los primeros años de carrera ha sido el maestro catalán Raül Refree, realizaron un gran dúo de talento y recorrieron toda España y parte de Europa.

Su maestro de flamenco fue el connotado cantaó José Miguel Vizcaya “El Chiqui”, hombre que representa una gran tradición de cantaores, quien es muy severo y estricto con la enseñanza de ese arte que nació en al-Ándalus, que es una amalgama de viejas tradiciones. Él solo acepta un discípulo por clase de canto, y una de ellas fue Rosalía, quien orgullosa reconoce: “Todo lo que sé de flamenco, se lo debo al Chiqui Vizcaya”.

El proceso creativo que ella encarna es un permanente diálogo entre el canto flamenco atávico y la música urbana actual, es lo acústico gitano frente a lo electrónico, con el trap, el sampleo electrónico, los bucles armónicos. Con esta experimental mixtura, ha logrado una inusitada alquimia entre los cantes antiguos del mediterráneo y la música que actualmente nace en las grandes capitales como Barcelona, Nueva York, París, Madrid. Quizá la vida de nómada que llevó junto a sus padres artistas, recorriendo esas ciudades cosmopolitas, la permearon de esa pulsión urbana, de ese latido que tienen las mega urbes, que a veces es subterráneo.

Rosalía es políglota, habla francés, inglés, catalán y español. Esa capacidad la ha acercado a músicos del mundo entero. Es frecuente ver una entrevista en la televisión de Londres o París, donde ella despliega sus conocimientos en una lengua que no es la materna, pero en la que se comunica con soltura y gracia.

Con sólo dos álbumes publicados: “Los Ángeles” el 10 de febrero de 2017, y “El Mal Querer” en 2018, se ha convertido en la primera cantante española que recibe dos Grammy en una ceremonia, y dos MTV awards en una gala. Participó en el gran Homenaje a Alejandro Sanz cantando “Cuando nadie me ve” de forma espectacular, acompañada por las lágrimas del compositor madrileño, quien al final le dijo: “Oye niña, qué bien has cantao” y luego se fundieron en un abrazo.

Se convirtió en “chica Almodóvar” al participar en la cinta “Dolor y Gloria” rodada a finales de 2018 junto a Penélope Cruz y Antonio Banderas. Tuvo una hermosa escena cantando a orillas del río con Penélope y las lavanderas “A tu vera”, el clásico de la faraona Lola Flores:

“A tu vera

a tu vera, siempre a la verita tuya,

hasta que de amor me muera.

Que no mirase tus ojos,

que no llamase a tu puerta,

que no pisase de noche,

las piedras de tu calleja”.

Hasta la actriz Halle Berry, ganadora del Oscar 2001, ha subido un vídeo a su red Instagram donde baila uno de los temas emblemáticos de Rosalía, lo ha posteado con la leyenda: “pura magia”. A lo que la cantaora catalana ha respondido con humildad y gratitud plena. En definitiva, Rosalía es una estrella en expansión, con una veintena de años y aún con cara de adolescente.

Ella está en ese grupo de músicos que han migrado a géneros que no son sus formas musicales nativas. Como es el caso de Eric Clapton con el blues y su devoción por B.B. King y la música negra. El caso de Alicia Keys quien comenzó muy niña en la música clásica, tocando sonatas para el piano de los grandes compositores universales y luego hizo carrera en el pop clásico y en Rhythm and blues. El caso de Diego El Cigala, interpreta el tango con maestría siendo de tradición andaluza. Rosalía no nació en Málaga, ni en Sevilla, ni en Cádiz: siendo catalana de padre asturiano, buscó el flamenco, lo aprendió, lo hizo el arte de su vida, lo vertió en su sangre y con el pactó para siempre. El flamenco es la base de su propuesta musical y de su vida toda.

Sobre su vida íntima, se habla de sus romances, uno con el rapero madrileño C. Tangana (Antón Álvarez Alfaro). Reconocen lo intensa que es para el trabajo, con jornadas hasta de 20 horas en el estudio de grabación. Cada álbum le tomó año y medio de trabajo, donde ella compone, motiva arreglos, busca sonoridades y acordes, experimenta como músico bien formada. En el día a día, la acompaña su hermana Pilar Vila, quien es su asesora de imagen, su compañera más cercana. Ambas tienen un gran sentido de lo visual, de las puestas en escena, de los vestuarios. Le gusta lucir largas uñas como las gitanas de abolengo, pintadas, con incrustaciones que parecen dagas. Sobre este hobby ha declarado: “Son otra forma de arte, muy femenino, me dan fuerza. A veces, se convierten un arma letal….risas”.

Esa capacidad que tiene para percibir las formas y colores con una sensibilidad especial, se nota en sus vídeos, con motorizados simulando toreros, camiones con el sonido de sus potentes motores y conductores arañados en el rostro por la propia cantaora, quien les da el zarpazo desde la ventana del automóvil.

Rosalía le ha cantado al amor oscuro, quizá con una reminiscencia de la poesía del granadino Federico García Lorca sin ella proponérselo. Recordamos uno de sus sonetos póstumos, de 1936 cuando fue asesinado en tierra granadí:

“Así mi corazón de noche y día,

preso en la cárcel del amor oscuro,

llora, sin verte, su melancolía”.

Su inspiración a desmembrado los sentimientos oscuros: los celos silenciosos y acechantes, el amor prohibido, la venganza silente que se empoza en el alma, la obsesión del enamorado que rastrea a su amada. En sus canciones aparecen las aristas de ese sentir oscuro que vive en lo más oculto del ser, en el lado sin luz de la luna interior; es la malignidad vestida con ropajes de amor.

Rosalía se propone hacer una conexión musical con América Latina, ha hablado de revisitar los cantes de ida y vuelta, que son las variantes del flamenco, como la guajira, la rumba, la milonga. Desde ese filón musical plantear su nueva creación, que tienda puentes con las capitales que han reclamado por su presencia: Ciudad de México, Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá y Río de Janeiro.

Sus producciones revelan que la cantaora catalana tiene características no muy comunes entre las artistas actuales:

1.- Investiga, busca la raíz de la obra musical que va a realizar.

2.- Tiene una sólida formación musical, es una música académica.

3.- Dedica todo su tiempo y su energía vital a su proyecto musical, sin intermitencias ni distracciones.

4.- Experimenta, busca mixturas, nuevas sonoridades, se atreve a crear su propio sonido.

5.- Participa activamente en todas las etapas de su proceso creativo: escribe las canciones, participa en los arreglos, las graba, crea el concepto visual, rueda el vídeo, sale a promocionar su producto, es la figura y señora.

Seguiremos escuchando esa voz de mezzosoprano ligera, llena de sentimientos, que se ha convertido en una cantante modélica para las nuevas generaciones y en la mujer más deseada de España. Es la embajadora de la mujer reivindicada y es vista con buenos ojos por la comunidad LGTB+ del mundo. Es un icono múltiple de la música, la femineidad y la sensualidad. Aunque tiene implacables detractores en los más ortodoxos del flamenco, quienes la han acusado de “apropiación de su acervo”, lo que parece exagerado y sin mucho sustento. Por el contrario, ella representa uno de los más sinceros homenajes al género flamenco, a esa vasta cultura que adora y ofrenda.

Rosalía ha creado un subgénero, un sonido innovador, sonoridades que ella ha generado con inagotable pasión, pues; la imaginación es el centro de su vida.

León Magno Montiel