¿Y ahora qué? Se pregunta Leocenis García en clara alusión de Juan Guaidó

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Maduro tiene un cuestionamiento a su legitimidad de origen. Eso está claro en los propios mandos militares y la inmensa mayoría de los chavistas que hasta ayer le apoyaban.


El Presidente de la Asamblea Nacional, víctima de conspiraciones antes de su asunción (ProCiudadanos le tocó denunciar que los partidos de la socialdemocracia intentaban burlar el acuerdo que obligaba a que Voluntad Popular presidiera la AN), ha liderado el despertar del país.

Alguien debería preguntarse por qué la AN no juramentó al Presidente de la AN como presidente encargado de la República. Y por qué éste debió juramentarse como tal en una plaza.

La respuesta es sencilla: Porque los diputados – sus jefes-no querían. Argumentaban que  los supuestos constitucionales  no se cumplían.

Guaidó debió hacerlo en solitario, guiado  por  Leopoldo López, que se encuentra en prisión. Nadie sabía de ello, al extremo que los diputados de Voluntad Popular insistían horas antes en los cabildos que Guaidó no debía juramentarse porque sería “la excusa del régimen”. Esto lo escuché en muchos de los cabildos en los cuales participé.

Juramentado Guaidó y habiendo sorprendido a todos; la socialdemocracia ordenó justificar que Guaidó no debía juramentarse ante la plenaria de la Asamblea Nacional (lo cual era lo lógico).
Tal jugada escondía el propósito de la vieja clase política de que si Guaidó fracasaba en su juego, asumiera él su fracaso. Y escurrir ante la historia su responsabilidad sobre la citada juramentación.

Pero,  esto dejaba a Guaidó como “el autoproclamado” y no como el proclamado Presidente. Cosa que podía subsanar la cámara del Congreso, pero como saben no lo hizo.

El día que me reuní con Guaidó para entregar la Ley de Justicia Transicional, un discreto Roberto Marrero, me dijo “Dios te bendiga” y acto seguido me soltó “ayúdanos”. Le insistí a Guaidó en el tema de la ley que era ciertamente muy amplia (copia de la ley de justicia transicional de 1977 en España) pero más eficaz que la ley de amnistía que terminaron presentado, la cual no solo espantó a los militares que querían alzarse, sino que los propios diputados no sabían explicar en los cabildos.

Luego vino la reunión con Cabello, quien incumplió el pacto de no revelar la reunión. La torpeza  de negar una reunión que sí se celebró, y que en política es lo más normal dada las circunstancias, provocó que la FANB, especialmente su generalato empezara a desconfiar de una dirigencia que ofrecía perdón, pero era capaz de negar una reunión de ese calibre.

Cabello, un mago en la manipulación, usó el evento para presentar a Guaidó como un tipo sin palabra, una cosa que pesa mucho en el mundo militar.  A eso se sumaba que la ley de amnistía acogía a quienes se insubordinaran contra Maduro, y el día que se alzaron los soldados de la Guardia Nacional en Cotiza, ningún diputado se presentó en el lugar.

Y ahí están ahora abandonados en condiciones infrahumanas en esa pocilga que es la Dirección de Contrainteligencia Militar.

Yo estuve en Cotiza.
A EEUU se le pone mucha responsabilidad.  Y creo que lamentablemente el no haber escuchado al encargado de negocios de EEUU en Venezuela (Story), y viejos veteranos de la  embajada como Willard Smith , y otros liderazgos que reclamaban un punto medio, donde el ala moderada del chavismo ayudará a construir una salida a partir de las sanciones, empasteló el ambiente.

Hemos llegado hasta aquí, con la aquicencia de todos. Y con toda cordialidad debemos sentarnos y decir, “señores, nos hemos  burlado del país”.

Ese será un paso importante.
Reconocer desde la oposición que somos mayoría, pero hay cosas que son humo que le estamos vendiendo a la gente. Y que se deben recoger las ofensas contra Eduardo Fernández y Claudio Fermín, que dijeron una verdad que nadie quería oír.

Maduro, -eso lo sabe todo el mundo en el chavismo- no puede dirigir nada. Maduro es parte de un ominoso pasado. Y su única alternativa hoy es apartarse del poder.

Y  pactar unas nuevas elecciones sin él, sin que pueda ser candidato. Pactar garantías para quienes participen y para el chavismo que inevitablemente perderá el poder.

Fue la cordialidad cívica lo que logró sentar durante el primer gobierno de la transición española a los comunistas y a los franquistas, a los republicanos y a los monárquicos, a los socialistas y liberales, para discutir sobre el modelo.

En política las formas son tan importantes como el fondo. Los ataques personales cierran la puerta a los compromisos.

Buena parte de la política es hacer o solicitar concesiones. El primer punto que todos debemos discutir es: Llevamos más de 50 años de colectivismo populista ( Hijo de la socialdemocracia y el socialismo) . A dónde nos llevó. Cada quien debe asumir su parte.

La verdad es la verdad, nada hacemos con eludirla.
Hay que enumerar como los profetas hebreos la catástrofe que tenemos al frente. Y debemos hacerlo porque Venezuela es un país sin voz, sin defensa, traicionado y abandonado por sus intelectuales, arrendados sin sueldo al colectivismo y que son capaces de pedir que se produzca  una intervención militar, es decir la confesión que las ideas fracasaron.

Todos, parecemos estar de acuerdo en que, el país se enfrenta a una crisis, pero a nadie le importa discutir su naturaleza, descubrir sus causas reales y hacer lo que la lógica manda: formular una alternativa.

El socialismo  está cumpliendo en todos los sectores del pais, su destino de proyecto inviable.  Incluyendo el sector militar. ¿Pero cómo creen que el sector militar cansado de Maduro , va aplaudir una intervención militares o líderes que la piden?.

La oposición dice que hay que cerrarle el paso a las elecciones y la negociación con el verdadero chavismo ( militares) . Porque créanme que JORGE Rodríguez y su hermana no tienen méritos ni peso  en el chavismo (militar) .
Ese acto de negar una salida distinta a la guerra, es como apagarle la vela a un anciano que lee en medio del lugar donde yacen las sombras, con las gafas vencidas.

El chavismo moderado y los militares , ahora no deben cerrar las puertas, pues sólo tienen dos opciones:
La primera es muy honrosa: como Mijaíl Serguéyevich Gorbachov, desmontar el modelo y abrirse a la realidad con condiciones; la otra es deshonrosa:  llevar al país a la matazón como Musolini, que cerró el camino a todo entendimiento.

Perdón, corrijo lo de Mijaíl Serguéyevich Gorbachov. No desmontó. Aceleró el derrumbe de un edificio al que el sutnami del hambre había dejado en ruinas.

Y la historia de Mussolini, sí es así, como la de Gadaffi, Milosovis, y Hitler. Unos señores que dejaron esos paises sin diálogo  y sin válvulas de escape y cuando la gente pudo escapar….ustedes saben el resto de la historia.