Mariano Rivera “el cerrador inmortal”, por León Magno Montiel

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Desde 1936 cuando se creó el Hall de la Fama en Cooperstown, ningún pelotero profesional en los Estados Unidos había ingresado a ese salón de los inmortales de forma unánime. Más de 400 cronistas deportivos con derecho al voto para elegir a los que ingresan al HOF, nunca habían coincidido unánimemente para exaltar a un pelotero.

Esta modalidad de reunir el 100% de los votos, era hasta ahora inédita. Un panameño nacido en un pueblo de pescadores a orillas del océano Pacifico, llamado Puerto Caimito, pudo logar esa hazaña en 2019. Habían transcurrido 83 largos años en el deporte que combina fuerza y estrategia, inteligencia y destreza física: el béisbol. El nombre de ese beisbolista excepcional es Mariano Rivera, quien nació el 29 de noviembre de 1969 en esa ensenada.

Su madre es Delia Jirón y su padre Mariano Rivera Palacios, este había llegado a Puerto Caimito desde la provincia selvática de El Darién. Su padre lo conminaba a que practicara fútbol en paralelo a su oficio de subsistencia que era la pesca industrial, él era capitán de un barco sardinero. Marianito sabía navegar y reparar las redes de pesca, era un hombre de la mar. Luego de un accidente en aguas profundas, donde salvó su vida milagrosamente, Mariano se dedicó a practicar el béisbol, fue parte de la selección de su distrito La Chorrera, hasta que un caza talentos del equipo Yankees de Nueva York llamado Herb Raybourn, lo firmó como prospecto para esa organización: la divisa más ganadora de todos los tiempos en las Ligas Mayores.

Rivera recibió un bono de 3 mil dólares por estampar su rúbrica e inmediatamente voló a Tampa donde estaba el campamento de la organización, sin conocer una sola palabra del inglés. Durante su pasantía por las ligas menores, Mariano llegó a jugar en Venezuela con el equipo Tigres de Aragua, en el año 1991; solo tenía 22 años de edad; un hecho poco recordado en nuestro país por su fugacidad. En su primera salida al montículo, ponchó al joven campocorto de Leones de Caracas, de nombre Omar Vizquel, quien podría convertirse en otro inmortal del béisbol, tiene un buen chance de colgar su placa en el Salón de Cooperstown.

Mariano Rivera Jirón es un hombre parco, austero, practica la religión cristiana protestante, es muy familiar, no lo cautiva el lujo ni la bohemia. Sobre la ciudad que no duerme, la capital del mundo, la gran manzana (donde él vive) expresa: “A Nueva York debes dominarla. Si dejas que ella te domine, estás perdido”. Lo mueven grandes valores, como la solidaridad, la caridad, la reciprocidad y la gratitud. Es un atleta sin tachaduras ni vicios, un firme competidor; con una estatura de 1.88, y grandes manos para manipular y lanzar la pelota. Gracias a eso se convirtió en el mejor cerrador en todo el béisbol. Ha sido constante, leal a sus principios, disciplinado y con una total entrega a su oficio deportivo. Los empresarios del béisbol estadounidense, que son gente que no regalan nada a nadie, llegaron a pagarle 15 millones de dólares por una temporada.

El 23 de mayo de 1995 comenzó su larga travesía como pelotero profesional, estuvo 19 temporadas en las Grandes Ligas. Su casa fue el estadio con la fanaticada más difícil, la más exigente, la más ruidosa e intolerante: el Yankee Stadium, en el Bronx. Ante su inconmensurable talento y por su empeño en ganar en cada aparición, los fanáticos de los Yankees lo bautizaron con cariño como “Mo”. Los gringos siempre han tenido el afán de hablar en siglas, con apócopes, motes, monosílabos e interjecciones. Ellos lo identificaban en posters, redes, memes como: “Mo”. Nosotros, los hispanoparlantes deberíamos optar por llamarle Mariano, que significa seguidor de María, devoto de la madre de Jesús, en defensa de nuestra lengua el español.

El 22 de septiembre de 2013, Mariano se despidió del juego que tanto amó, fue en su casa del Bronx al norte de Nueva York. Esa tarde recibió de los fanáticos y de sus compañeros, los máximos honores, el estadio completamente colmado. Fue una ceremonia memorable donde actuó la banda de rock Metálica previo al partido con los Gigantes de San Francisco, el célebre equipo de la bahía. Lo acompañó su familia y los herederos de Jackie Robinson.

Rivera tiene un predecesor importante en las Grandes Ligas, el hombre que nació en 1945 en la pequeña población de Gatún, ubicada en la zona del canal de Panamá: es el legendario Rod Carew, quien llegó a ser novato del año en 1967, conquistó siete títulos como mejor bateador y fue exaltado al Salón de la Fama en 1991. Sobreviviente de un doble trasplante de corazón y riñón, ha recibido el más alto honor en su patria, pues el Estadio Nacional de Panamá lleva su nombre, con capacidad para 27.000 aficionados. Recién fue escogido como el escenario para la Serie del Caribe 2019.

Algunos logros históricos de Mariano Rivera:

  • Ganó la Serie Mundial con los Yankees en las temporadas 1996, 1998, 1999, 2000 y 2009. Por tanto, recibió cinco anillos de Campeón Mundial.
  • En 1999 ganó el premio MVP (Jugador más valioso) en la Serie Mundial.
  • En 2003 fue declarado el MVP en el Campeonato por la Liga Americana.
  • Es el líder de por vida en juegos salvados con 652.

Los analistas de su ejecutoria como lanzador, admiten con asombro que Mariano solo utilizaba dos lanzamientos (eso lo sabían los bateadores) la recta cortada, llamado “cutter”, en dos modalidades. Rivera llegó a desarrollar una técnica propia de lanzamiento de bolas cortadas, basada en ejercer con los dedos índice y anular una presión diferente sobre el área superior de la pelota. Esa técnica, aunada a su coraje y disciplina, le dieron la grandeza que hoy disfruta y que perdurará en el tiempo.

Los venezolanos celebramos el ingreso al HOF de Mariano como si fuese nuestro paisano, recordamos cuando el maracucho Luis Aparicio Montiel fue elegido para Cooperstown en 1984, era la quinta oportunidad que aparecía en las boletas de votación. Y seguimos soñando con la entrada al salón de los inmortales de los compatriotas Omar Vizquel y Miguel Cabrera. Mientras tanto colocamos en la Redes Sociales la fotografía de Rivera con orgullo, con una sincera celebración del alma. Espero, en los actos de homenaje por este logro histórico sin precedentes, toda América Latina se aboque a celebrar, con la presencia entusiasta de los fanáticos que lo consideran su ídolo deportivo.

Mariano Rivera siempre tuvo en su espalda el número 42, el número que llevó a la gloria a Jackie Robinson, el primer jugador de raza negra en las Grandes Ligas. Por ello el georgiano sufrió vejámenes, pelotazos intencionales, ofensas y hasta amenazas de muerte; por ser el pionero en romper la barrera racial en 1947. Ese número está retirado en todos los estadios de béisbol en los Estados Unidos en su homenaje; sin embargo, con Rivero la MLB hizo una concesión, permitiéndole usarlo hasta su retiro. Ahora los Yankees lo retiraron definitivamente rindiendo honores al tirador panameño. En el Yankee Stadium están las dos placas alusivas a los grandes del béisbol: Robinson el georgiano y Rivera el panameño: quien fue el último jugador en utilizarlo.

El cerrador, el “apaga y vámonos”, el expreso panameño, el salvador de 652 juegos, el mejor relevista de todos los tiempos, es un padre abnegado de tres hijos, esposo de Clara quien también nació en la barriada pesquera a orillas del Pacífico. Ella es pastora evangélica de una iglesia en Nueva York. Mariano y Clara se congregan cada semana con sus hermanos neoyorquinos, han hecho giras por varios países de América Latina llevando la palabra de Dios, realizando obras benéficas y dando su testimonio de fe.

El primer pelotero exaltado al Hall de la Fama de forma unánime, no es norteamericano, no es un “red neck”, es un latino humilde, un pescador de piel morena nacido en el istmo de Panamá, la tierra entre dos océanos. Es un orgulloso compatriota del líder Omar Torrijos Herrera, del campeón Roberto “Mano e´ Piedra” Durán, del gran compositor Omar Alfano y del mítico Rod Carew. Afectuoso paisano del cantautor Rubén Blades, del jazzista Danilo Pérez y del atleta con medalla olímpica Irving Saladino. Ellos son gente talentosa, han hecho grande a su nación desde Chiriquí al Darién.

Mariano representa un gran logro para la raza Caribe, él acaparó los 425 votos emitidos en la elección de la Asociación de Cronistas de Béisbol de Norteamérica para entrar al templo de los inmortales, ubicado al norte del Estado de Nueva York y ubicado en el centro de la historia deportiva. Este hecho es digno de una celebración sin fecha de vencimiento, con repercusión planetaria y sin el temido out 27, el que tanto sacó a sus rivales el cerrador inmortal.

León Magno Montiel