Matan con un paño al vigilante de un taller al oeste de Barquisimeto

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Juan Hernández desde hace casi diez años tiene una misma rutina al llegar a su taller de frenos y alineación, ubicado en la carrera 25 entre calles 43 y 44, al oeste de la ciudad.

Hernández llega a las 7:50 de la mañana, toca la corneta de su vehículo y esperaba que saliera Tito Jesús Núñez (71) para abrir el portón. Este lunes no fue la excepción, lo hizo como todos los días, pero hoy se rompió la rutina. Nadie salió.

 Hernández se bajó del vehículo muy extrañado y abrió el portón azul del taller. Al entrar al interior comenzó a preocuparse. Caminó hasta la colchoneta en la que dormía Núñez y allí estaba sin vida. Su cuerpo quedó boca abajo sobre un pequeño charco de sangre, por lo que no dudó en avisar a las autoridades, porque supo que no se trataba de una muerte natural.

El dueño del Centro Técnico Automotriz Hernández, indica que tiene al menos diez años en dicho lugar y nunca ha sido víctima de robo, comenta que el hoy occiso tiene la misma cantidad de tiempo sirviéndole como vigilante. Se quedaba en el taller todas las noches, allí vivía, comía y hacía todo.

Relató el hombre que tras revisar un poco el taller notó que le faltaba una caja de pastillas para frenos, le pareció extraño que habían herramientas de mucho valor y no se llevaron nada, no consiguió la cartera de Núñez, pero si en un escaparate del fallecido, estaban al menos 6 mil bolívares que fueron localizados por los efectivos del Eje de Homicidios y entregados a Hernández.

“No quise ver el cuerpo, cuando los funcionarios lo revisaban, me dio mucho dolor. Yo le tenía mucho aprecio”, comenta el dueño del local.

No entiende de qué forma pudieron haber entrado los delincuentes, porque no hay cerradura alguna forjada, ni indicios de que saltaron por la pared, que sobrepasa los 2 metros de altura.

Algunos trabajadores del taller que llegaron posterior a que fuera localizado el cadáver, presumen que fue el mismo Núñez quien abrió la puerta a su asesino, ya que él tenía una llavecita de la puertecita, que también fue localizada en el lugar.

Funcionarios del Eje de Homicidios comenzaron con las investigaciones del caso.

Según le pudieron observar la víctima fatal presentó un fuerte golpe que le rompió a la altura de la ceja, en el lado derecho de su cuerpo. Pero, luego de ser revisado en   la morgue, se conoció que la causa de su muerte sería el estrangulamiento. Al parecer el asesino pasó un paño por el cuello de la víctima y tras apretarlo acabaron con su vida.

Se presume que el homicidio se cometió en horas de la madrugada.

Tenía otros oficios

Hernández comenta que en el día el cuidador no estaba en el taller, solía llegar a las 5 de la tarde y se acostaba a dormir de 7 de la noche hasta las 10, posteriormente prendía el televisor y se quedaba cuidando el local, era lo que él mismo le expresaba al dueño.

“Yo solía irme a las 6:30 de la tarde, pero como la cosa está tan insegura por estos lados antes de las 6 de la tarde estamos cerrando y ya a las 5 Núñez estaba aquí”, también comentó el dueño del taller.

Personas que merodeaban el lugar la mañana de ayer y trabajan en dicha zona, indicaron que el vigilante acostumbraba a meter mujeres en el lugar, por las que al parecer pagaba por sus servicios.

El señor Hernández indicó que muchas veces le comentaron, pero nunca lo constató. Sabía que Núñez aparte de su sueldo como vigilante, cobraba una pensión. En las mañanas solía irse a hacer colas y los productos que adquiría los revendía, con eso también sobrevivía.

No tenía familia

“Si me enfermo, tú me das los remedios y me cuidas y pues si me pasa algo te tocará enterrarme porque yo no tengo familia”, le decía Núñez al señor Hernández, cada vez que este le preguntaba sobre sus parientes, quien solo contaba que era natural de Acarigua, estado Portuguesa, pero que se había venido de esas tierras porque lo habían apedreado de muchacho y no supo más de su familia.

El dueño del taller expresa que habían tocado el tema de la muerte y sin él pensarlo o esperarlo porque la víctima era una persona muy sana, ahora le va a tocar cumplir la promesa.

Comenta que conoció a Núñez cuando trabajaba vendiendo periódicos para el Meridiano y la sede quedaba por los lados del Terminal. Recordó Hernández que siempre conversaba con el septuagenario y luego de hacerse amigos, le ofreció trabajo como vigilante a Núñez cuando abrió su taller y este aceptó desde entonces estaba con él, a pesar de que Hernández tiene más de 30 años en el ramo.

Espera que el crimen sea investigado, comentó que era un pobre señor que no merecía morir de esa forma.

Nota de El Impulso