Laborar como transportista en horario nocturno es un trabajo de altísimo riesgo en Venezuela y Carlos Alberto Vásquez Urquiola, de 28 años de edad, estaba consciente de ello cuando salía como “rapiditero” en su ranchera Fairlane 500, de marca Ford y color verde. La situación del país lo obligaba a ganarse la vida de esta manera, no conocía mejor forma de hacerlo.

Este martes, Vásquez Urquiola, mientras estaba al volante, fue víctima de la violencia que empaña de rojo las calles larenses y una rutinaria vuelta se le transformó en una ronda mortal, cuando criminales solicitaron su servicio para luego someterlo, despojarlo de todas sus pertenencias y asesinarlo de un balazo en el pecho.

Sus familiares, a las afueras de la morgue del Hospital Central Universitario Antonio María Pineda (Hcuamp), contaron que no saben exactamente en qué tramo abordaron los homicidas; pero sospechan que lo hicieron en las inmediaciones del Hcuamp, en donde lo habrían visto por última vez sus conocidos.

Lo que sí afirmaron, es que, a eso de las 10:00 de la noche, hicieron el desgarrador hallazgo, en la calle principal con callejón B2 del barrio Rafael Linárez, luego de horas de búsqueda y rumores alarmantes que confirmaron al identificar el cadáver.

Según el hermano de la víctima, Jesús Vásquez, el hoy occiso acostumbraba a parquear de manera independiente en la avenida Vargas con carrera 22 para recoger pasajeros y llevarlos al oeste de Barquisimeto. Solía conducir por La Paz, El Bolívar y llegaba hasta El Coreano, para volver a bajar al centro-este.

Tras la partida del menor de cuatro hermanos, quedan sin padre dos infantes de 6 y 7 meses de edad y una niña de 8 años.

No pasó a recoger a su esposa

Carlos Alberto era parte de una familia de transportistas, se conoció. Sus tíos también se desempeñaban como choferes tiempo atrás, y la camioneta en la que conseguía el pan de cada día, la compartía con su hermano, quien trabajabadurante las mañanas.

Jesús contó que, a las 5:45 de la tarde aproximadamente, salió a laborar de su casa, ubicada en el barrio Cerritos Blancos.

Todo parecía transcurrir con normalidad, manifestó, como hasta las 9:00 de la noche cuando recibió una llamada de la pareja del hoy difunto.

“Ella trabaja en el Sambil y él la buscaba todos los días como a las 8:00 (p.m.) porque debía llevarla a la casa para amamantar a su niño recién nacido, pero a esa hora no aparecía y su teléfono estaba apagado”, aseveró.

Eso encendió las alarmas en el seno familiar y Jesús salió a recorrer las principales calles y avenidas a ver si se había accidentado, pero no lo encontró.

“Me fui a la (carrera) 22 para preguntarle a los taxistas de ahí y me dijeron que había un muerto de una ranchera en el Rafael Linárez y cuando me fui para allá, por no dejar, vi que era él”, dijo mientras los ojos se les llenaban de lágrimas.

Saben quiénes fueron

Contaron allegados de la familia del occiso a EL IMPULSO, que los autores del crimen estarían ubicados tanto por ellos como por las autoridades.

Lo señalados serían jóvenes, no mayores de 25 años de edad, integrantes de una banda delictiva del barrio La Lucha que opera bajo dicho patrón.

Nota de: El Impulso